Hoy llueve.
Aquí en el norte no es extraño pero la verdad es que hacia una temporada que nos había abandonado nuestra amiga mojada. No es que me incomode, pero desde hace unos días he desempolvado de mi cajón chubasquero, paraguas y el deshumidificador, que no puede faltar en ninguna casa con unos cuantos de año a cuestas. Es curioso lo que cambia el ánimo cuando sales a la calle con buen o mal tiempo. En verano tengo la suerte de salir y entrar en casa con luz, cosa que cambia en invierno por mi horario de trabajo. En verano todo es alegría, gente en la calle, niños jugando y ruido y vida por todas partes. Ahora en invierno, la gente corre de portal en portal. Van con la cabeza gacha, malhumorados y con prisa a todas partes. Lejos dejan esas tardes de verano, donde debajo de una buena sombra las cervezas frías saben a gloria y las partidas de tute llenan los bares con nuestros mayores.
jueves, 14 de enero de 2010
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